15 noviembre, 2007

Comitán, punto de partida para excursionar (Chiapas)

Tips de aeroméxico No. 26 Chiapas / invierno 2002
Además de que está lindísima, la ciudad de Comitán es el mejor punto de partida para diversas excursiones.

Desde ahí se puede ir a:Las Lagunas de Montebello.Localizadas a 58 km de Comitán, estas lagunas son cadenas de antiguos cenotes que el tiempo ha formado a partir de la disolución de las rocas; el parque lo conforman 59 lagunas y lagos y una vegetación verdaderamente excepcional.

La zona arqueológica de Chinkultic, se encuentra a 48 km de Comitán y data del Clásico tardío maya. Tenam Puente. Situada en una antigua finca al sur de Comitán.

Tenam, en náhuatl, significa fortificación. Corresponde al Clásico y Postclásico y está construido sobre una montaña que domina la planicie comiteca.

Las cascadas de El Chiflón,a 35 km de la ciudad sobre la carretera Tzimol-Tuxtla; hay una imponente caída de agua de 120 m de altura rodeada por una bella vegetación.

El Parador Museo Santa María.Ubicada sobre la carretera a las Lagunas de Montebello. Espléndida hacienda cafetalera construida a principios del siglo XIX, donde puede quedarse a dormir, ya que está habilitada como posada. Cuenta con un excelente restaurante.

Fuente:
http://www.mexicodesconocido.com.mx/interior/index.php?p=nota&idNota=5116

La peregrinación de los tojolabales (Chiapas)

David Díaz Gómez. México desconocido No. 219 / mayo 1995

Vienen de los rincones más apartados de la selva, de los valles de Altamirano y de las Margaritas, de Comitán y de La Independencia. Traen consigo las banderas de colores, los tamborcillos cilíndricos y las cajas de madera con las imágenes del Padre Eterno; hombres, mujeres y niños visten sus mejores galas y llevan en sus manos las flores salvajes de los bosques.

Algunos han caminado dos, tres días casi sin comer y sin dormir, todo por la frágil salud de las cosechas y la estabilidad sagrada de las lluvias.

El final del viaje es el templo de la Trinidad y para allá avanza, en orden, lenta y kilométrica la peregrinación de los indígenas tojolabales, uno de los grupos étnicos más numerosos de Chiapas, pero también uno de los menos conocidos y estudiados del sureste mexicano.

Dicen los conocedores que la historia de esta etnia se puede resumir en la memoria del olvido. En su libro Los legítimos hombres, el antropólogo Mario Humberto Ruz señala que hasta 1982 existían únicamente 19 trabajos publicados y siete investigaciones inéditas sobre algún aspecto de la cultura tojolabal, y de éstos sólo ocho habían sido realizados en el presente siglo. En fin, poco es lo que se sabe de la historia de este grupo mayense marginado hasta por los mismos científicos sociales.

Una tradición oral rescatada por el investigador Arturo Lomelí González nos dice que los tojolabales eran originarios de la región de los Cuchumatanes, Guatemala, en donde convivían con los indígenas del pueblo chuje de San Mateo Ixtatán. Cuenta la leyenda que estos dos grupos hermanos se enfrentaron en una guerra a muerte por el dominio de unas salinas ubicadas en la región, episodio que finalizó con la derrota de los tojolabales que fueron expulsados con sus familias hacia los valles de Balún Canán, en donde actualmente se ubican los municipios de Comitán y Las Margaritas. Según la Agenda Estadística de Chiapas(1993), en la actualidad los tojolabales son 25 031 personas distribuidas, en un área de 5 000 km2 de seis municipios chiapanecos, en especial Las Margaritas.

Los antropólogos que se han acercado a este pueblo aseguran que la dispersión de los tojolabales en una zona geográfica considerable se originó porque durante siglos los frailes primero, y posteriormente los hacendados, distribuían a las familias entre las ricas fincas agropecuarias surgidas en esa fértil región para que trabajaran en las labores de peonaje. No hace mucho todavía era famoso el sistema de trabajo conocido como “baldío”, que de acuerdo con Lomelí González obligaba a los tojolabales a trabajar gratis, “de balde”, una de cada dos semanas laborales para “pagarle” al patrón la renta del predio que habitaban, pues sus comunidades eran consideradas como propiedad del terrateniente.

Establecidos en pequeñas colonias ubicadas en los fondos de los valles y la selva, los tojolabales son una etnia prácticamente inaccesible para los viajeros comunes. La mejor oportunidad para acercarse a ellos es durante las romerías que por motivos religiosos realizan durante el año, como la dedicada al Padre Eterno por la petición de lluvias que a nosotros nos tocó presenciar en el mes de mayo de 1994. Lostojol winikotik, los hombres legítimos como se autonombran, son muy afectos a realizar prolongadas peregrinaciones. En 1982, el antropólogo Mario Humberto Ruz describió la existencia de cuatro grandes romerías, entre las que sobresalía la que se realizaba a San Mateo Ixlatán, Guatemala, de donde supuestamente provienen los tojolabales. Otras romerías trascendentes eran las que se dirigían a Santo Tomás Oxchuc en abril y a San Bartolomé de los Llanos, hoy Venustiano Carranza, en el mismo mes. También es famosa la peregrinación en honor a Santa Margarita, patrona de la cabecera municipal de Las Margaritas, que todavía se lleva a cabo en el mes de julio.

Por motivos ajenos a los propios tojolabales, las romerías de este pueblo han entrado en decadencia y algunas han desaparecido casi en su totalidad: el endurecimiento de las autoridades migratorias guatemaltecas y la tensión sociopolítica que se vive desde hace ya muchos años en Carranza, Chiapas, han frenado las concentraciones tojolabales hacia esos puntos de su geografía religiosa. Sin embargo, hay una peregrinación tojolabal que ha crecido en importancia y número de participantes: es la dedicada a la Santísima Trinidad o Padre Eterno, que en su libro Algunas costumbres y tradiciones del mundo tojolabal, Arturo Lomelí considera como la más grande de todas y “a la cual asisten el mayor número de promeseros”.

Los festejos de la romería del Padre Eterno inician en abril, cuando los principales de las colonias sacan a la imagen de la Santísima Trinidad por los caseríos con el fin de recolectar limosnas y apoyos materiales para realizar la peregrinación al santuario de la Trinitaria. Los jerarcas nombran a los “caporales” que estarán a cargo de la dirección y seguridad de los caminantes y a los hombres que portarán los cofres con las imágenes y las banderas. Las colonias grandes mandan un caporal por cada 50 personas y ocho banderas; los asentamientos pequeños son representados sólo por dos lábaros.

Todos los grupos tienen rutas de viaje preestablecidas con puntos determinados en donde descansan, rezan y se unen con los otros contingentes. Hay peregrinos que provienen del sur de la selva lacandona y caminan hasta tres días; hay otros que sólo hacen unas horas de camino. Todos se congregan en el templo de San Caralampio, Comitán, en donde se preparan para la última jornada de 17 km que los llevará a las puertas de la iglesia del Padre Eterno, en el poblado de la Trinitaria.

La mañana del día 20 encontramos a los romeros tojolabales en la plaza del barrio de la Pila, en Comitán. Algunos han dormido a la intemperie, otros en espacios rentados en las casas de los barrios aledaños. Poco a poco se empiezan a reunir los integrantes de los respectivos contingentes y cada caporal se encarga de organizarlos para reiniciar la marcha. Entre los caminantes son pocos los hombres que conservan la camisa y el calzón corto de manta con los bordados tradicionales en el cuello y en las mangas. En cambio las mujeres, sin excepción, portan orgullosas sus atuendos típicos y lucen como arcoíris entre los grises atuendos mestizos de sus esposos. Las tojolabales son damas de porte elegante, gustan del turbante, del sombrero vaquero, de las botas y de las zapatillas de colores. El naranja, el celeste, el azul o el verde metálico predominan en sus blusas y faldas; traen pulseras, collares y aretes llamativos y algunos aseguran que los bordados de sus prendas identifican el lugar de origen de las poseedoras y también si son solteras o casadas.

Después de desayunar, los dirigentes de la peregrinación sacan las banderas y las cajas con las imágenes del Padre Eterno del interior del templo de San Caralampio, y con ellas inician el avance a la Trinitaria. Primero van los tambores 30 ó 40, pequeños y cilíndricos; después los cargadores con los cofres de las imágenes, y atrás caminan los abanderados y los peregrinos que llevan en sus manos flores comerciales y exóticas como la llamadajujilnichim, espolón de gallo y orquídeas. El contingente, de 500 a 1 000 tojolabales, desfila por la carretera federal 190; en las afueras de Comitán se le unen docenas de mestizos comitecos y margaritenses, humildes la mayoría y también devotos del Padre Eterno.

Durante el trayecto, don Isidro Aguilar, caporal de tojolabales del municipio de Comitán, nos aseguró que marchaban en la peregrinación indígenas procedentes de 35 lugares, y nos comentó que muchos otros pueblos de esta etnia no habían podido participar en la romería por la aguda situación político-social que se vive en ese momento en el estado de Chiapas. “Con toda seguridad, nos comentó don Isidro, en esta procesión caminan guerreros mayas que han enterrado por unos días las armas y los pasamontañas para darle paso a su fe original, campesina, y estar presentes en ese evento ancestral de la petición del agua”.

Son las dos y media de la tarde cuando el grueso contingente llega a las afueras de la Trinitaria. Ahí los esperan otros grupos que han arribado de por el rumbo de los lagos de Montebello. En la entrada poniente del poblado hay unas cruces frente a un árbol de tempisque, en donde por última vez descansan y rezan brevemente los caminantes.

El poblado de la Trinitaria, meta final de la romería, era conocido antiguamente como Zapaluta, y fue un punto importante para los viajeros porque ahí convergían los caminos principales de la zona: el de la selva, el de los altos, el de la sierra y Guatemala y el del valle del Grijalva. Desde tiempo inmemorial, los grupos indígenas de la región, los coxoh, los mam, los jacaltecos, los zapalutecos y, desde luego, los tojolabales han llegado períodicamente a este poblado a venerar a la Santísima Trinidad. Un dato sobresaliente de este evento es que los rezadores que dirigen las plegarias de las romerías no son jerarcas tojolabales sino un grupo de ancianos zapalutecos (tzentales) quienes, entre otros cargos, preparan los pormenores de la entrada al templo y rezan las oraciones especiales para la petición de lluvia.

Con la presencia del párroco del templo y de cientos de zapalutecos, los peregrinos abordan el tramo final de la caminata. En un llano utilizado como cancha de futbol se efectúa el saludo de las banderas. En una doble fila se forman los abanderados y una a una las van entrecruzando con las otras, y las besan con respeto y devoción. El cura bendice el acto simbólicamente y al mismo tiempo tocan el medio centenar de tambores presente en la fiesta, mientras un grupo de hombres disfrazados de seres del averno bailan, brincan y cometen travesuras entre los grupos de mestizos.

En ese momento las gordas y negras nubes que giraban sobre nuestras cabezas desde un par de horas antes, abren sus compuertas y la lluvia se precipita. Es una buena señal opinan los devotos; los simples mirones corren como locos buscando un lugar para guarecerse. Bajo el aguacero la marcha continúa y avanza por las estrechas calles del pueblo que parecen reventar por el empuje de un río de cientos de personas. La entrada al templo es un poco caótica pues la puerta es pequeña para contener a la avalancha de personas, pero afortunadamente no hay heridos o aplastados. Una vez adentro, los viajeros escuchan misa después de colocar las banderas a los lados del altar. Al final de los oficios religiosos cristianos se retiran los mestizos y únicamente permanecen los indígenas que, en pequeños grupos y dirigidos por los rezadores zapalutecos, entonan sus oraciones de petición de lluvia. Terminando las oraciones pasan de uno en uno a besar el altar en donde está colocado el Padre Eterno, prenden velas y se retiran dando espacio a otros romeros; así hasta bien entrada la noche.

De esta manera finaliza la peregrinación que los tojolabales realizan en mayo al templo del Padre Eterno en la Trinitaria, un evento que los reúne de manera masiva para efectuar la ancestral solicitud de lluvia a las alturas y la consumación de las cosechas. Al día siguiente, ya en desorden, cada grupo regresa como puede a sus comunidades. Han cumplido con la tradición y sólo les resta esperar la bondad de las fuerzas que gobiernan los mundos estelares.

Fuente:
http://www.mexicodesconocido.com.mx/interior/index.php?p=nota&idNota=6368

Historias de Comitán

Jorge Prior. México desconocido No. 337 / marzo 2005

Para este nuevo programa la riqueza de historias y lugares fue el principal reto, pues se trata de una región con tal variedad de posibilidades, que hallar un hilo conductor parecía difícil, pero pronto apareció un elemento simple que une y contrasta tan hermosa región: sus colores. El lugar es una paleta viva de imágenes fuertes e inolvidables, y en los sitios visitados siempre hubo colores que por su fuerza nos llamaron la atención y los caracterizaron.

EL AMARILLO DE COMITÁN
El eje de nuestro viaje fue la legendaria ciudad de Comitán, con una identidad muy propia y calles llenas de historias y personajes destacados. Por años estuvo casi aislada del resto del país y hasta hace muy poco las vías de comunicación eran difíciles y geográficamente distantes.Destaca su arquitectura, pues por el aislamiento de la ciudad todo se construyó con materiales de la región. La iglesia principal, dedicada a Santo Domingo, está pintada de un amarillo firme, que le da un gran carácter. Llama la atención la plaza del Barrio de La Pila, con una iglesia y La pila, un manantial que dio pie a la fundación de Comitán. Cuenta la historia que los primeros pobladores siguieron a un puma hasta aquí, donde el animal sació su sed. Al encontrar el manantial y percatarse de la conveniencia y belleza del sitio, lo eligieron para fundar aquí su ciudad.

La iglesia se construyó hasta el siglo XIX y está dedicada a San Caralampio, un santo que curiosamente no es católico, sino que pertenece a la Iglesia Ortodoxa. Un vecino de Comitán que conoció la vida del santo decidió encomendarse a su protección durante una terrible peste que asoló la zona, y resultó que él y su gente fueron de los pocos a quienes no les afectó la enfermedad. A partir de entonces los comitecos adoptarona San Caralampio y lo veneran con “el permiso” de la Iglesia Católica.

EL BLANCO DE TENAM PUENTE
La zona arqueológica de Tenam Puente –a sólo 15 minutos en el extremo opuesto del valle donde se encuentra la ciudad– es de origen maya. La forma en que se construyeron estas pirámides es distinta a la de otras regiones mayas y destaca el uso de una piedra blanca que en bloques bien cortados se ensamblaron minuciosamente paraedificar el centro ceremonial.El blanco de las pirámides, visto contra el verde de la maleza, le da un carácter ceremonial muy efectivo. También constatamos las características acústicas del lugar: en la plaza principal una persona en el centro, hablando sin levantar la voz, puede hacerse escuchar a una buena distancia, hacia lo que quizá fue un enorme graderío.

LOS AZULES Y ESMERALDAS DE MONTEBELLO
El impresionante conjunto de lagunas de Montebello está a una hora de Comitán. Aquí empieza el camino a la selva de Chiapas y es también parte de la frontera con Guatemala. Las lagunas son famosas por sus multicolores, aunque predominan las tonalidades azul y esmeralda. La paleta es cambiante en dependencia de si está despejado el cielo, de la hora, la profundidad de cada laguna, la flora que contiene, pero de cualquier forma los colores son firmes y ahí están, siempre reclamando su belleza. Las lagunas son un gran espectáculo, cerca de diez se pueden visitar de manera sencilla, aunque en realidad son más de 50.

COPANAGUASTLA Y CONETA
Comitán se encuentra en una zona alta y templada. Ha sido parte de la vía que une a México con Guatemala, pero antes de que existiera esta ruta, en el siglo XVI los dominicos decidieron intentar una primera, el llamado Camino Real, que iba por las partes bajas, donde construyeron los templos que servirían de estaciones, aunque sólo quedan algunas ruinas. Los mejor conservados son Copanaguastla y San José Coneta. Las áreas cálidas resultaron propicias para las enfermedades y pronto fueron abandonadas, por lo que se prefirieron las rutas por zonas más templadas, la Ciudad Real –San Cristóbal– y Comitán.El esplendor de los templos dominicos aún se puede apreciar. Copanaguastla es una iglesia inmensa que seguro fue pensada para acoger a una gran ciudad. Coneta es una construcción más pequeña y de ella sorprende el templo que se encuentra sólo a mitad de unos enormes llanos donde nada compite con él, lo cual da pie a imaginar cómo fueron encontrados estos lugares en el siglo XVI poraquellos atrevidos sacerdotes y arquitectos.

LAS TRANSPARENTES AGUAS DE COLÓN
A hora y media de Comitán hacia la zona cálida y en camino a la frontera se encuentran las cálidas aguas de los lagos de Colón, otra serie de lagunas que llaman la atención, sobre todo por la transparencia de sus aguas. Desde la superficie se pueden ver con claridad los fondos, aunque en su conjunto son de un color verde claro, con un tinte un poco amarillento, muy característico. En medio de estos lagos se encuentra la zona arqueológica de Lagartero.

EL VERDE CHIFLÓN
Chiapas tiene agua por todos lados, pero sus ríos, lagunas y manantialesmuestran personalidades muy propias, ninguna de sus aguas son iguales, cada una tiene un color específico. Si se pone atención se recordarán los lugares por los colores y tonalidades; las cascadas de El Chiflón no escapan a esta definición, es unrío de un verde opaco, grisáceo, de gran belleza. Actualmente es un balneario que lo lleva a uno de sorpresa en sorpresa, pues a medida que se asciende la montaña las cascadas son más bellas e impresionantes. Así, hasta llegar a la más alta, llamada Velo de novia, donde a uno le golpea el chiflón que se forma al estrellarse el agua que cae contra la montaña y la poza, mientras el viento envuelve el cuerpo y el rostro de los visitantes refrescándolos del esfuerzo hecho en el ascenso.

DE REGRESO A COMITÁN
Estas visitas a los coloridos lugares mientras realizábamos el documental siempre regresaron al eje de la ciudad de Comitán. En una de esas noches templadas, antes de descansar, pudimos escuchar la marimba municipal en el quiosco de ver bailar a varios comitecos. Unas marimbas tocadas a ocho manos, emitiendo melodías con la sonoridad de las maderas tropicales, todo con gran entusiasmo y calidad. Y claro, cobijados por la música y color de Chiapas continuamos la plática con los lugareños, que nos ilustraban con las variadas, increíbles y multicolores anécdotas e historias de Comitán. Por algo es la tierra de escritores de la talla de Rosario Castellanos y Jaime Sabines.

Fuente:
http://www.mexicodesconocido.com.mx/interior/index.php?p=nota&idNota=5082

Comitán de las Flores (Chiapas)

Jaime Bali. Tips de Aeroméxico No. 26 Chiapas/invierno 2002

Asomarse a Comitán de las Flores sin conocer su historia representa un riesgo que todo viajero que se respete no debe correr. Es obligado saber que esta bella ciudad fue fundada en el siglo XVI por Pedro Portocarrero, y que bien podría haber sido, hasta nuestros días, la capital del estado. Aunque la historia y el curso del tiempo le quitaron a Comitán ese privilegio, lo cierto es que acumuló otros galardones gracias a una serie de hechos emparentados con aquello que Alejo Carpentier llamó lo real maravilloso.

Y es que las calles y casas de Comitán atesoran miles de historias que han quedado atrapadas entre sus patios y muros. Cada uno de los acontecimientos fueron transformando su identidad, una identidad que había conservado por muchos años los aires del mundo guatemalteco. Conventos y haciendas establecidos por los religiosos le dieron a la región, conocida también como La Frailesca de Comitán, el impulso necesario para convertirse en un centro agropecuario de gran importancia.

Fue así que al iniciarse el siglo XIX, Comitán era una ciudad en la que ya tenían lugar fiestas y tertulias animadas por la música de los pianos que la gente presumía a sus escasos visitantes. Todavía hoy la ciudad recuerda, como ocurre en aquellos lugares que hacen de la memoria una devoción, la primera vez que rodó sobre sus calles un automóvil; el día que los comitecos disfrutaron de la magia del cinematógrafo asistiendo a la primera gran gala de cine, y la llegada de exploradores, biólogos, arqueólogos, entre los que se cuentan hombres tan distinguidos como Frans Blom y Oliver la Farge, quienes vinieron atraídos por la cultura de los mayas. Fue en esta ciudad, cuya estampa nos hace pensar en un tiempo que transcurre en los patios, en los cuartos y en las cocinas de las casas, atrapado para siempre por la ausencia de relojes inquietos, donde vivió sus años de infancia Rosario Castellanos, y donde se nutrió de la prosa y de los versos macerados con las voces de la ciudad y las comidas del campo, con los compases de la música interpretada al piano y con la presencia festiva de orquestas, poetas y actores que al terminar la primera mitad del siglo presenciaron el arribo de las primeras brigadas de constructores que hicieron posible la Carretera Panamericana, símbolo del encuentro con la modernidad. Comitán esperaría hasta 1959 para tener su primera línea telefónica, y hasta 1963, en plena efervescencia del rock and roll, su primera estación de radio.

Por todo esto y más, al llegar hoy a Comitán, aún los que no conocen su historia se dan cuenta de que en esas calles, en esas casas, en sus patios y jardines, todavía hoy está presente el aire inconfundible que le viene de aquellos días.

Fuente:
http://www.mexicodesconocido.com.mx/interior/index.php?p=nota&idNota=5108#